Buenos días, tardes o noches dependiendo de la hora que lean esto, la muerte es parte del ciclo normal de la vida de todos los seres, como especie nos acostumbramos a convivir con la muerte, hasta hace unos cuantos siglos la expectativa de vida de los seres humanos no superaba los 40 años y más de la mitad de las mujeres morían en el acto de traer más vida a nuestro mundo, por eso a nivel mundial todas nuestras culturas desarrollaron ritos algunos más complejos que otros para la muerte.
Por nuestra herencia española en gran parte del país adoptamos sus ritos mortuorios (son pequeñas las excepciones como las de la cultura guajira o las de los palenques), el entierro o cremación de nuestros muertos se convirtió en una forma de cerrar ciclos, de curar heridas, con el muerto se iban todos sus problemas, se curaban todos sus males, en Colombia no existen muertos malos, todos siempre fueron «buenos muchachos», por eso para las familias victimas de la guerra se volvió tan importante enterrar sus hijos, sus padres, sus nietos, sin importar la forma en que estuvieran sus cuerpos, para ellos esto se volvió parte de curar esas heridas tan profundas que han dejado más de 50 años de guerra en nuestra población.
¿Pero qué ocurre cuando el muerto no se puede enterrar? En Colombia por las características de nuestro conflicto armado, creamos un delito que traduce esta pregunta llamado desaparición forzada, una deuda histórica que tenemos como sociedad frente al conflicto armado, es resolver que paso con toda esa gente que el conflicto se las comió vivas y nunca entrego siquiera unos resto para que sus familias pudieran llorar, la desaparición es un acto más cruel que la muerte, la familia del desaparecido por más años que pasen siempre va a tener la espera de volverlo a encontrar, ya sin importar en que estado, si vivo o muerto, porque por cada día que su gente sigue en el olvido su herida va creciendo más.
Aunque este fenómeno no es único de Colombia en toda américa sucedido, el mayor ejemplo de esto son las madres de la plaza de mayo en argentina (hoy ya la abuelas de la plaza de mayo, que este mes cumplieron 2172 jueves reuniéndose en la famosa plaza) que llevan más de 40 años luchando para encontrar los restos de sus hijos asesinados por la dictadura o de sus nietos arrebatados de sus padres capturados y entregados a la familias de la oligarquía para que los criaran como suyos, en todas las dictaduras de nuestra región estas fueron prácticas de estado, la única diferencia con nuestro País es que acá también fue prácticas de estado (el Gobierno no puede pretender negar los falsos positivos como quien quiera tapar el sol con un dedo) pero en nuestro conflicto todos sus participes (los cuales fueron muchísimos) realizaron desapariciones forzadas.
Esto es una herida que sigue vigente en muchas familias colombianas, desde las familias de los desaparecidos en el palacio de justicia, las madres de la comuna 13 que buscan sus hijos los cuales nunca volvieron en la operación Orión buscándolos todos los días en la famosa escombrera en Medellin, las madres de Soacha víctimas del mismo estado que debía protegerlas, hasta las víctimas de las FARC cuyos familiares no volvieron del secuestro.
Esta es la razón de lo importante ocurrido en Dabeiba, Antioquia (para los que no saben de que hablo, un militar dentro de la JEP coopero brindando información sobre una fosa común donde se buscan más de 50 victimas de los falsos positivos), ya que es el inicio de un proceso que probablemente le va a costar mucho al país porque la única forma de que avance es la cooperación de los victimarios, para poder comenzar a sanar como país debemos saber que paso con nuestros muertos, debemos darle a muchas familias por lo menos una tumba para llorar, según el centro de memoria histórica son más de 80.000 las víctimas de desaparición forzada, pero algunas ONGs dan cifras mucho más altas que dobla o triplican la cifra oficial, la justicia especial para la paz debe buscar actos de justicia para las víctimas, pero en muchos casos el primer acto de justicia es la reparación, un muerto siempre sera irreparable pero poderlo enterrar es el comienzo.
De Dabeiba debemos conocer la verdad de que paso, encontrar los muertos y no dejar en olvido nunca más lo que sucedió.
Esto es un fenómeno que como sociedad debemos hacer visible, no podemos dejar que nuestros desaparecidos queden en el olvido, por eso me parece importante destacar la campaña del comité internacional de la cruz roja #AquiFaltaAlguien, porque cada desaparecido debe ser tan nuestro como si fuera un hermano.
