Buenos días, tardes o noches dependiendo de la hora que lean esto. Hoy les vengo a contar una problemática que tenemos como país (una de tantas). Generada a raíz de la descomposición que estamos viviendo como sociedad. Este articulo viene por una noticia que me impactó el día de hoy 3 de febrero del 2020 (probablemente termine de escribir el artículo unos cuantos días después).
Una noticia que indignó a toda la comunidad Pereirana; pero que simplemente es el reflejo de una problemática que como sociedad evitamos hablar, y a la que yo hoy voy a denominar: los hijos de nadie; no es el titulo más original porque Eduardo Galeano ya inventó «Los nadie» pero ¿qué son los hijos de nadie?.
Los hijos de nadie son aquellos que les toco sufrir la peor penuria desde su nacimiento, no tener padres que los protejan. No ignoremos que hay hijos con padres a quienes no les importa qué pueda pasar con su futuro, con su salud o con su vida. Además del abandono de esta sociedad, para darles un ejemplo los voy a ilustrar con un personaje que se que todos los latinoamericanos conocemos llamado «el chavo del 8», quien fue el primer hijo de nadie famoso sin padre ni madre, viviendo de la bondad de sus vecinos. En muchas ocasiones explotado por su inocencia (el chavo del 8 tiene un concepto mucho más complejo detrás de su simplicidad), que a duras penas podía ir a la escuela, que le tocaba trabajar para poder comer.
El chavo ya hace más de 50 años demostraba una realidad de todos los países y es la de esos niños que quedan al abandono desde su nacimiento cuyo único posible protector es el Estado. En el caso de nuestro país contamos con políticas ineficientes o inadecuadas para el manejo de estas situaciones, pero todo esto solo es el resultado de un proceso más grande de descomposición social que como nación no hemos afrontado.
En Colombia el ente encargado de la protección de los hijos de nadie es el ICBF mediante un proceso llamado PARD o proceso de restablecimiento de derechos. El proceso como su nombre lo indica se trata de devolver los derechos del menor que han sido vulnerados y se divide en etapas, siendo la ultima la privación de la custodia de los padres del niño en estado de vulneración de manera definitiva. Por ejemplo en una ciudad como Pereira hay 4.670 menores en procesó de PARD pero no todos están en última etapa. Tampoco podemos saber cuántos son los que ya están en el final del proceso porque al ser menores sus datos tienen protección especial. Ahora bien, ¿qué pasa con los niños cuya custodia definitiva esta en cabeza del Estado?.
Cuando un niño es retirado de manera definitiva de la custodia de sus padres, su principal derecho a «resarcir» es el de tener una familia, por lo que el primer paso a seguir es buscar algún familiar diferente a sus padres que se haga cargo de su cuidado quienes serian sus: tíos, abuelos, u/o hermanos que hayan cumplido la mayoría de edad. Probablemente estos familiares también se encuentren en un núcleo en descomposición social, por lo cual no serán capaces de asumir dicha obligación. Resultando esto en la parte final del proceso: declarar el menor en condición de adoptabilidad, en este punto del camino es donde encontramos el bache más grande: el tiempo que lleva un proceso de adopción en Colombia.
Remitiéndonos a la norma, el código de infancia y adolescencia concibe el proceso de adopción en ocho artículos que teóricamente son simples. Al aplicar estos ocho artículos, nos encontramos ante un sin fin de trámites y requisitos que traducidos al tiempo y realidad de procesos administrativos en nuestro país (agregando a esto el cambio permanente de funcionarios dentro de las entidades por motivos políticos); llegaríamos a un proceso que si tenemos suerte sería de mas o menos cinco años. En la practica se traduce: a aquel menor que conocemos de cinco años, al final del proceso tendrá 10, 11, 12 siendo víctima de un sistema ineficiente, pasando de hogar sustituto a otro sin la menor estabilidad emocional.
Ahora lo anteriormente mencionado, deja mucho decir de nuestro Estado… pero veamos esta perspectiva desde el punto de vista desde los padres adoptantes. Hagamos un ejercicio simple, ¿Qué sentiría usted al ilusionarse con ese hijo por más de tres o cuatro años de espera? en un proceso que denota un desgaste no solo económico y físico sino también emocional, donde el resultado de la decisión final por parte del ICBF es incierto.
Por más que quisiera concluir este articulo con un cierre positivo la realidad me frena. Esta situación es cíclica, no hay manera de solucionarla ni corto ni a largo plazo. Busquemos una reforma social, una conscientizacion ciudadana y un cambio en la institucionalidad colombiana.
Este no es el primer y ni el ultimo bebe vulnerado en total abandono, duele la sociedad y más cuando quien debe salvaguardarte y te garintiza derechos es un Estado inoperante.
Quiero agradecerle de manera especial a mi nueva compañera de redacción María Clemencia Dávila quien colaboró en este artículo y va a estar acompañándome en los próximos.
