Esto lo escribo mientras que a una familiar muy cercana se le extinguen las pocas luces de vida que aún le quedan y aunque ustedes no crean lo escribo en un momento muy sensato, con una tristeza profunda pero con una paz al sentir que no va a sufrir más.
La noticia fue repentina pero algo predecible ella venía sufriendon una enfermedad crónica hace mucho tiempo aunque como un sentimiento innato de la naturaleza humana siempre guardamos la fe de que ese «milagro» se nos diera, que la cura se encontrará y que ella mejorará pero desde el día de ayer la vida nos choca con la realidad de la fragilidad de nuestra mortalidad, como un refrán bíblico nos lo recuerda «polvo eres y en polvo te convertirás», a pesar de que la noticia si me embarga de una tristeza profunda también siento una paz al saber que ella no va a sufrir y que sus hijas le dieron la mejor calidad de vida estos años, que sus hermanas siempre quisieron lo mejor para ella, sobretodo me queda ese recuerdo de ese viaje a cartagena que hace dos años hicimos todos como familia, en dónde la escuché reír a carcajadas cada que le decía que la iba a invitar a un trago de parte del ahijado (ella era mi madrina) porque en el hotel teníamos barra libre, se que se va feliz porque amo en cada momento a su familia, a nosotros los que quedamos no nos queda más que adaptarnos a su ausencia.
Con este pequeño escrito yo hoy me dejó ir y la dejo ir a ella, es mi forma de respirar, es mi forma de dejar sentir, algo que no suelo hacer mucho, se que aún no partes pero pronto lo harás, por mi parte me despido de manera anticipada sabiendo que cada uno de tus sobrinos, hijas y hermanas te va a recordar cada que escuche una risa ensordecedora o vea una revista de esas dónde vende todo tipo de cosas, te extrañaremos, te extrañaré, buen viaje tía.