Buenos días, el artículo de hoy comienza con una reflexión personal después de leer un post de instragram de la mamá de un niño de 11 años en estados unidos que cometió un intento de suicidio a causa del bullying y me hizo llegar a una introspección la cual es, yo en algún momento fui un bully.
La historia se remonta a mi adolescencia, yo estudie en un colegio público donde el bullying la verdad era muy frecuente y en muchas ocasiones sobrepasado, eran casos que iban desde el abuso psicológico hasta el físico, agresiones verbales, golpes, matoneo en su máxima expresión, básicamente era una selva.
Yo tuve la ventaja de haber crecido más rápido que los otros jóvenes, a los 13 años me estiré y quede en lo que mido ahora 179, ni muy alto pero tampoco bajo, además de que toda la vida hice deporte entonces en ese momento era un poco más grande físicamente que los demás, también ayudo que en el colegio me junte con los gamines, los que hacían bullying, por eso no fui víctima, sino victimario, pero yo directamente nunca di un golpe o insulte a alguien aunque siempre estaba metido en todos los problemas, pero ¿por qué fui un bully?
La respuesta es simple porque no hice nada para detener lo que pasaba, ya que con nosotros estudiaba un muchacho que sus padres eran profesores (al igual que los míos) pero él nunca logro encajar con el salón, por lo cual se convirtió en la victima predilecta de los demás, las agresiones comenzaron de manera muy leve con actos como colocarle apodos o ridiculizarlo por cualquier cosa, hasta que paso a las agresiones físicas, por ejemplo un día se pararon de él todos los hombre del salón detrás de él cuando nos dirigíamos al coliseo del colegio y uno de ellos procedió a darle un puño en la cabeza cuando él no estaba mirando, sin razón alguna solo para causarle daño, como todos los hombres estaban atrás simplemente no tenía a quien buscarle pelea por la agresión, ya que todos habíamos sido cómplices del que dio el golpe, tristemente esta historia no fue única, solo es una parte de un anecdotario sobre el cual no me enorgullezco.
Yo fui bully porque fui cómplice con mi silencio, solo me acuerdo haber intercedido en dos ocasiones por él y era porque sabía que le iban a buscar pelea para pegarle, como los bully eran mis “amigos” yo abogue para que no lo hiciera porque esa acción ya me parecía muy excedida, ese muchacho del cual les estoy contado comenzó a ir mal académicamente posiblemente producto de una depresión causada por todo lo que le hacían, es más prefirió perder el año solo para no estudiar más con nosotros y esta historia solo me lleva a otra pregunta ¿Cuántas veces hemos sido cómplices con el silencio?
Sé que probablemente no sea la única persona que ha pasado por algo así, a todos nos ha ocurrido de ver situaciones que sabemos que no están bien, pero tampoco hacemos nada para cambiarlas, de tener un compañero (a) de oficina, universidad, colegio, gimnasio, etc… que es excluido (a) o maltratado (a) por los demás y no hemos hecho nada.
Es más también sé que en muchas ocasiones hemos sido victimarios o victimas sin darnos cuenta, los seremos humanos no dimensionamos el poder de las palabras y no caemos en cuenta de cómo una frase que le damos a otra persona puede dañar un día, frases como “oye te estas engordando” “hoy estas lento(a)” “como estas de acabado(a)” no sabemos qué situación puede estar viviendo la persona que recibe esta frase que nunca pidió, ni cómo puede llegar a afectarla.
Por eso si ustedes los que leen esto tienen hijos enséñenles el respeto como valor fundamental de todo, ha nunca opinar sobre el físico de los demás, sobre todo a tener empatía para que nunca sean cómplices con el silencio, además toda esta reflexión también es para nosotros los que ya “sabemos” como debemos vivir, que lo único que podamos decir de los demás siempre sea algo positivo, cuiden su salud mental, cuiden también la de los demás, los dejo por hoy.

El bullying es manifestación de una sociedad enferma y no se reduce a niños y jóvenes, tampoco a los sectores pobres; evoluciona con la crisis de valoración y fortalece la descomposición social. Interesante reflexión que ojalá permita a algunos superar el gregarismo perverso y los miedos que nos impulsan a mostrarnos mejores haciendo daño a los más indefensos o a los diferentes.
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