Capítulo 41: historias, dolor y duelo

Buenos días, hoy de nuevo les vuelvo a escribir por una charla que tuve ayer, además como un pequeño ejercicio de un exorcismo espiritual para dejar ir un duelo que tengo pendiente. Resulta que por estas épocas hace un año un ser muy querido mío estaba partiendo de este mundo y yo llevo 1 año entero hablándole a mi familia sobre el duelo, tratando de explicarles dentro de todo lo complejo que es el ser humano como dejar ir ese ser querido pero como les dije en otro texto “el sentir es egoísta y más que egoísta es propio“además ayer me di cuenta que ese duelo aun lo vivo.

Ya que en una charla muy profunda con alguien muy cercano se me renovaron muchos sentimientos que había creído superados llegando a otra reflexión y es que en la vida tenemos muchos duelos, pero no hablo solo de duelos de muerte, sino de duelos cotidianos..

Los duelos cotidianos son todas esas pérdidas que vamos sufriendo pero no vamos enterrando, aquellas que creemos superadas o que simplemente no nos afectaron pero terminaron calando más hondo dentro de nosotros de lo que creíamos. Esas amistades que hemos perdido o soltado, esas relaciones que no han funcionado, esos trabajos que hemos dejado, esos sueños que hemos cambiado, todas esas cosas que han ido formado pequeñas heridas en el alma que simplemente no sanamos porque las creímos tan irrelevantes que las ignoramos.

Por eso a veces nos toca tener esas charlas donde las recordamos, conversaciones que al principio son doloras pero van cambiando de tono según más adentro vamos mirando en esas heridas, esas historias se vuelven en un ejercicio espiritual un exorcismo a nuestro ser de todos esos muertos que no hemos dejado ir, por eso hoy en un día que es difícil para mí los invito a tomarse un café con alguien para hacer todos esos duelos que tienen pendientes aunque creo que con un café no basta.

Un café, una historia y un duelo es lo que se necesita en ciertas ocasiones.

Nota: En la vida hay una lista de cosas por hacer entre ellas sembrar un árbol y escribir un libro, cualquier de esas dos sirve para vivir un duelo.

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