Capitulo 47: Crónica de un fantasma.

Hola, primero me presento, por ahora no tengo nombre solo soy una estadística trágica de esas que se repiten continuamente en Colombia, un asesinato o, para ser más exactos, un feminicidio, pero, de alguna manera, me tengo que identificar y voy a utilizar una figura de Estados Unidos, en donde a las mujeres asesinadas sin identificar, se les llama Jane Doe, un nombre común y un apellido más común en la cultura gringa, lo más parecido en Colombia seria Janeth Díaz, así que así me voy a llamar de aquí en adelante y estoy muerta o más bien me asesinaron.

Como toda historia, tiene su inicio pero mi cuento comienza más bien como una película de terror. Nací en tierras paisas hija de un matrimonio disfuncional, en el que mi mamá aguanto cuanto maltrato pudo con tal de que aquél hombre proveedor que era mi padre, nos dieran las cosas básicas, un techo donde vivir y tres comidas dirías, pero aquel hombre quien debía ser mi figura de refugio, se convirtió en el primer monstruo de mi historia. Desde muy niña comenzó a abusar de mí. Dentro de mi inocencia infantil, no era consciente de lo que pasaba pero según fui creciendo me di cuenta que lo que pasaba en mi casa no era normal, que ese monstruo me estaba violando cada que mi mamá salía a tratar de trabajar para ayudar con los gastos de la casa y mi primer acto de rebeldía adolecente fue tratar de enfrentarlo pero me encontré con la amenaza de que si decía algo me mataba a mí y a mi madre, ahora sentía yo que debía protegerla a ella, por lo que guardé silencio.

Pase todo la transición de niña a mujer viviendo este infierno sola y naturalmente con un repudio a los hombres pero como buena adolecente mis hormonas comenzaron a hacer su trabajo; empecé a ver los muchachos del barrio diferentes, ese repudio había disminuido pasando a hacer una atracción, además, modestia aparte, era una niña muy bonita, entonces pretendientes nunca me faltaron, como dirían vulgarmente me tiraban los perros por donde pasaba, pero acá el monstruo vuelve a aparecer y no sé si por celos enfermizos, miedo o ambos, me amenazó diciéndome que si me veía andando con un gamín me mataría.

Lo que el no sabía es que como buena adolescente iba a hacer todo lo contrario fijándome en aquel muchacho que mantenía día y noche en la esquina, el que tenía una DT en 1992, ese con el que nadie se metía, aquel hombre comenzó a endulzar mi odio, prometido el cielo y tierra, era el súper héroe que necesitaba mi vida, como cual cuento de hadas, huí con él en su corcel de dos llantas, ese príncipe era la salida a mi pesadilla de ese «castillo» cuidado por Frankestein. A mis tiernos 16 años me fui a vivir con él, pero, como se pueden imaginar, de educación sexual no sabía mucho por lo que al mes de vivir juntos quedé en embarazo. La vida con él era mala pero al lado de lo que viví con ese monstruo llamado padre era el cielo, como cita un famoso dicho «el que no conoce a Dios a cualquier santo le reza».

Aunque en lo que fue pasando el tiempo el cuento de hadas se volvió en un thriller psicológico: me gradué del colegio y tuve a mi hija, mi cuerpo de adolescentes se volvió en el de toda una mujer que por cosas raras el embarazo le favoreció, ya que toda mi vida fui muy flaca pero con el embarazo llegaron unos kilos de más que sentaron bien en mi cuerpo, tenía curvas, lo que para aquel hombre que yo creía la salvación se volvió algo malo. Comenzó a sufrir celos enfermizos por mí, no podía saludar a ningún hombre, ni mucho menos pensar en tener amigos, pero como un plot twist, la vida por primera y última me dio una segunda oportunidad, me salvó, aquel muchacho. Lo mataron un viernes en la misma esquina que cuidaba, al parecer se había robado una droga a los jefes, en el momento que lo mataron ya me había pegado unas dos veces en las cuales lo justifiqué, creyendo que era mi culpa.

Yo tenía 19 diecinueve años, una hija de dos y ahora era madre soltera pero por otro chispazo de suerte de la vida, mi mamá me llamó para contarme que mi papá se había ido con otra, por lo que me fui a vivir con ella, comencé a trabajar al mismo tiempo que estudiaba en una universidad pública de noche, en más de un trabajo sentí acoso por mis jefes pero siempre aguante por mi hija, no quería que pasara por nada de lo que me tocó a mí, además por mucho tiempo bloquee mi vida amorosa, no me fijaba en nadie, de la casa al trabajo, del trabajo a la U, no había tiempo para un novio, logré sacar mi título, conseguí mi primer trabajo como profesional, creía que la vida por fin me sonreía aunque algo en mí no andaba bien porque una parte de mi alma se sentía muerta, yo no sabía pero cargaba con una depresión muy avanzada, además de un estrés postraumático que derivó en un trastorno de ansiedad clínica pero, para descubrir esto, aún faltaban años en esta historia, por lo que sigamos.

Comencé mi vida profesional, aún vivía apretada pero el infierno ya se veía más lejos, además estaba en mi mejor momento físico, tenía muchos pretendientes en mi trabajo pero aprendí que la gran mayoría solo quería llegar a mi cama y para hacer eso iban a decir o hacer cualquier cosa, también me comencé a sentir acosada por los jefes hombres a cuanto trabajo llegaba, la única ventaja es que a dónde llegué siempre encontré mujeres que me rodeaban, como madres que me querían proteger; además por segunda vez, encontré un príncipe, un compañero de trabajo, todo un caballero, de tez blanca, rubio, alto, ojos claros, para mí el hombre ideal que de a poquito comenzó a romper esa coraza que se había formado en mi corazón de tanto golpe, me trataba como una princesa por lo cual comenzamos un noviazgo.

En el noviazgo paso un año donde yo notaba comportamientos raros, celos, pero que yo misma justificaba, además era un amor con mi hija, creía que había encontrado el hombre de mi vida, después de un solo año de relación, me propuso matrimonio y me casé por la iglesia vestida de blanco, era la historia perfecta, dos profesionales jóvenes que querían luchar por su nueva familia, lo que yo no podía imaginar era que había vuelto al infierno, era que otro monstruo en mi vida había aparecido. Esos celos comenzaron a aumentar, empezó a volverse cada día más violento, no podía ver qué ningún compañero de oficina se me acercara porque, según él, yo era muy coqueta y a todos los provocaba, me aisló de todo el mundo, para rematar la depresión se comenzó a volver cada día más fuerte; yo aguantaba todo por el bien de mi matrimonio así pasaron 10 años de un verdadero infierno que es digno de otro historia: me golpeaba, me trataba como si yo fuera una nadie, un ser que no sintiera, me comenzó a decir prostituta a tal punto de dejarme dinero después de tener sexo ya que según él era lo que merecía y yo me iba adentrando cada día más en una depresión, solo seguía porque no quería quitarle a mi hija el único papá que había conocido., Todo culminó el día que le dije que tenía 3 meses de embarazo a lo que reaccionó violentamente diciéndome que quién sabe yo con quién había estado y le quería meter ese hijo, me tiró por las escaleras del segundo piso buscando que se produjera un aborto.

Ese día terminé en urgencias pero aparecieron unos ángeles en mi vida que hasta el último de los días trataron de salvarme, mis compañeras de trabajo lideradas por una compañera que era mi jefa, una mujer empoderada que se dio cuenta de todo: me comenzaron a ayudar en el proceso de huir de esa trampa mortal que creí que era mi hogar, en este momento en mi vida económica era estable, mi jefa era como una mentora, me fui a vivir sola, ahora ya no tenía una sino dos hijas, una adolescente y otra recién nacida. Comencé a luchar por ellas, pero ya la herida en mi alma era tan profunda que no había como repararla, la depresión y la ansiedad comenzaron a comerme viva, además, por cosas del mal camino, había probado las drogas de la mano de un hombre diferente del que no hablare porque su paso por mi vida fue muy corto pero me dejó algo que yo creía un refugió, pero era un veneno.

En algún momento no fui capaz de trabajar y terminé en un hospital mental; la depresión era muy fuerte, a tal punto que me terminaron pensionando, perdí a mis dos niñas que quedaron con sus abuelos paternos, yo estaba viviendo un nuevo infierno, comencé a consumir cada día más drogas para apagar mi mente de tanto sufrimiento. Terminé viviendo a una cuadra de la misma esquina donde mataron a mi primer novio, busqué compañía en los mismos hombres que me vendían la droga, todos ellos sabían que tenía dinero por la pensión por lo que me veían como un cajero automático; además, cuando no tenía dinero, me daban droga a cambio de sexo, mi vida se volvió la olla, pero uno de esos mismos hombres por robarme para pagar su traba, me asesinó de tres puñaladas porque ya no tenía más dinero que dar, me metió en una bolsa, me tiro en un pastizal a 100 metros del mismo barrio del que siempre traté de huir. En el momento del ataque ví mi vida pasar frente a mi, reviví cada dolor en el alma que había sufrido, volví a ver el rostro de cada monstruo que paso por mi vida en la cara de mi asesino y pensé en mis hijas hasta mi último respiro, yo luche por ellas pero en realidad no me quedaban muchas ganas para aferrarme a este mundo.

Básicamente todo hombre que paso por mi vida me jodió cada día más, agrandando tanto mi herida a tal punto de no poderla cerrar, yo fui muriendo en vida, él último clavó el cuchillo, pero cada uno de los que paso por mi vida ya me había matado, ya había enterrado con ellos una parte de mi alma.

Este cuento lo escribo a varios años de que me asesinaron como un testimonio póstumo de lo que es la violencia intrafamiliar, la violencia de género, de la importancia de salud mental y porque aquella mujer que lideró ese grupo de ángeles que trato de protegerme me lo pidió como una forma de ayudar las demás mujeres para que nunca más ninguna tenga que vivir lo que vivió Janeth Díaz.

¡Ni una más!

Nota: como escritor este es uno de los artículos más duros que he tenido porque es basado en una historia de la vida real, los cuentos de terror si existen y a veces los monstruos están en casa.

Otra nota: les recomiendo escuchar la canción que les dejo al final, en la que Eduardo Galeano debe recitar uno de sus escritos más tristes.

Un comentario sobre "Capitulo 47: Crónica de un fantasma."

Deja un comentario