Buenas días, hoy de nuevo les vuelvo a escribir mientras que espero a que el pico y placa acabe, en un día de esos dónde pude reflexionar mucho en lo que caminaba en medio de la lluvia en el caos de la ciudad después de mucho trabajo.
Resulta que hoy fue día de esos de contraste dónde pude ver varias facetas de la vida en muy poco tiempo, observado la de otros, alguno en el otoño de su existencia dejando un testamento pensando en su partida, otros despidiendo a los suyos que dejaron este mundo, unos más con la alegría de casarse e iniciar una vida juntos y de modo contrario otros con la felicidad de separarse después de un matrimonio infeliz, inclusive alcance a ver un ladrón llevado por la policía en medio de la lluvia, arrestado después de un intento fallido de hurto, la vida en todo su esplendor pero en todo su contraste recordando un poco de esa mortalidad que nos acompaña como humanos.
Ese recuerdo que a veces es necesario como un acto de humanidad ante nuestro ego un poco elevado como especie, ya que en nuestro trajín diario en ciertas ocasiones se nos comienzan a subir a nuestra cabeza cosas que creemos «importantes» pero a ciencia cierta son pequeñeces debido al tiempo tan corto de nuestra existencia en este plano en relación a la infinidad del mundo.
Pensar en cuánto ganamos, cuál es el próximo viaje, la siguiente meta para llegar, querer cambiar de carro o casa se nos va volviendo una obsesión, por eso la importancia de ver la vida en los pequeños detalles, en eso va mi reflexión de hoy en como de la mano de las pequeñas cosas podemos encontrar la motivación para dejar de vivir en modo automático, pensar en realidad en que nos hace felices, recordar en la simpleza de la vida parte de nuestra humanidad y dejar de pensar con el ego en las cosas que «necesitamos».
Aunque está parezca una reflexión pesimista es todo lo contrario, es una forma de pensar en la felicidad de lo cotidiano y que sigan luchando por su proceso, ya que todo eso que sueñan se les va a dar y que les vaya bonito.

Hermosa reflexión. Los humanos somos los únicos animales que ambicionamos más de lo que necesitamos, olvidando lo simple, lo sencillo, aquellas pequeñas cosas que constituyen lo necesario y suficiente para existir. En el camino de nuestras vidas, el aire que respiramos para poder vivir, el agua que nos moja y hace plenos los sentimientos, el simple canto de un pájaro, una sonrisa inesperada, una palabra de aliento o las hojas de un árbol al caer, deberían ser suficientes para dar gracias a la vida que se nos entrega plena en lo cotidiano. Estamos con Serrat y la negra Mercedes en sus canciones sobre la importancia de las pequeñas cosas, con el sentimiento de que, en el atafago de vivir de prisa, como acumuladores sin tiempo para comprender y amar, nos estamos olvidando realmente de vivir.
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