Buenos días hoy les vuelvo a escribir esta vez en mi hora de almuerzo y en uno de esos días en donde ando pensado que estoy en una mala racha, víctima de un mercurio retrogrado para los creyentes en la astrología o de una serie de eventos desafortunados que son simples causalidades productor de una serie de sucesos más allá de nuestra mundana compresión para los creyentes en física y la astronomía, sea que lo sea es de esos momentos de la vida donde sé que la crisis se avecina pero también sé que no estoy solo.
Ya que por mi trabajo, actividades sociales, etc… suelo relacionarme mucho con muchas personas las cuales por cosas extrañas de la vida a menudo me cuentan sus tristezas o pesares, me suelen pedir consejos o simplemente buscan alguien que los escuche y eso hago yo simplemente escuchar, lo que me ha ayudado a entender que todos sentimos estar en una crisis constante por el simple hecho de lo fluctuante que es la vida de adulto, a eso sumándole el ritmo tan desenfrenado en el que vivimos en la actualidad, la presión de las redes sociales, la forma en como tenemos esa carga en los hombros de ser “exitosos” algo de lo que les he hablado con anterioridad, por eso sé que no ando solo en mi crisis sino que todos estamos en crisis.
Crisis que cada uno busca solucionar o en algunos otros casos llevar a su manera, unos meditan, otros salen a correr, algunos van a terapia, otros cuantos más toman algo con algún amigo, unos cuantos más hacen crossfit o suben montañas, en fin, como dice un adagio español “cada uno lleva su cruz” porque por más que conozcamos a alguien a ciencia cierta no sabemos que está llevando a sus espaldas y ese es mi motivo de escribirles hoy.
Esta pequeña reflexión va pensando en la empatía ya que yo no debo sentir lo que siente el otro porque cada crisis es diferente es simplemente entender que el otro en su cotidianidad está cargando el mismo o mayor peso que yo a sus espaldas y dentro de esa visión de la empatía es a ayudarnos un poco más entre todos desde el trato más simple como es un saludo o preguntarle a esas personas que nos rodean día a día como están, desde las conversaciones más superfluas se originan las historias más profundas, aquellas donde el prójimo nos cuenta parte la cruz que lleva a sus espaldas.
Escuchar esas pequeñas historias de los demás les ayuda de a poco a alivianar la carga, lo mismo aplica para nosotros cuando encontramos con quien hablar de lo que nos afecta, ir soltando en pequeños fragmentos esa presión que encerramos, esto se puede resumir a una frase muy simple “ser la paz que los demás están buscando” con esto quiero terminar la reflexión de hoy esa invitación a que piensen que el otro está en la misma o peor crisis que usted.
Los dejo por el día hoy, no sin antes desearles una bonita semana y mes de septiembre, mientras tanto yo seguiré piloteando la crisis a punta de crossfit, que nos vaya bonito a todos.
