Historias del cotidiano: Del mismo infierno regresó cosiaca.

Buenos días, la historia de esta semana fue una que me contaron hace bastantes años, en uno de esos días que no se olvidan por lo largos y complicados, ese día conocí a un personaje muy único, sacado como de un cuento paisa, enredador, parecido al primer famoso que tuvo Colombia Cosiaca, un campesino/vagabundo que se dedicaba a vivir de la ingenuidad de los demás a finales del siglo XIX de eso proviene el dicho “más enredador que cosiaca” , por eso mismo le colocaron ese apodo al protagonista de la historia de esta semana:

Del mismo infierno regreso cosiaca


“Del mismo infierno regresó cosiaca, en un carro sin placas” era una estrofa de una canción que sonaba en mi cabeza mientras estaba tirado en el suelo con 3 tiros en la cara, haciéndome el muerto para que no me remataran.

Mi nombre es Daniel pero me conocen mejor como cosiaca, gran parte de mi vida la dedique a la ilegalidad, pocos pueden decir que han sentido tanto el rigor de la guerra como yo, nací en Andes Antioquia pero por motivos de la violencia mi familia termino viviendo en Medellin, la Medellin de escobar y las bombas, crecí como un muchacho de comuna, allá fue donde tuve mis primeros contactos con el mundo criminal uniéndome al combo del barrio que hacia respetar el territorio, también fue donde surgió mi apodo porque me gustaba más resolver los problemas en la calle enredando gente que a bala, me fui creando una reputación de malo pero no había hecho mucho en realidad, solo me gustaba sentir que tenía respaldo en esa Medellin tan brava, más en esa época donde no se respetaba nada y perro comía perro como aquella película española.

Una canción que puede explicar más el término perro comer perro.

Mi combo pertenecía a uno a su vez más grande que seguía órdenes de Don Berna con la famosa Terraza y los PEPES, con ellos fue que viví por primera vez la guerra porque en el barrio nos tocó enfrentarnos contra otro combo que seguía las ordenes de escobar, yo apenas tenía 13 años pero ya sabía manejar un fusil, también ya había conocido la muerte de cerca porque en el primer intercambio de bala que tuvimos mataron a Castro mi mejor amigo, como pueden ver no crecí en un entorno fácil, todo el tiempo estuve rodeado de bandidos y muerte.

Cuando tenía 18 años baje a negociar una moto al centro de Medellin, una moto robada, ya había coronado la vuelta pero justo en el momento que pretendía coger rumbo al barrio me paro una batida del ejercito diciéndome solo 3 palabras “libreta en mano” yo a duras penas había logrado graduarme de primaria que iba a tener libreta militar por lo que me subieron al camión para llevarme derechito junto con otros pelaos para el batallón, me toco pagar servicio a las malas, la “ventaja” es que yo ya sabía cómo manejar armas por eso como me vieron tan avión me mandaron a pagar servicio en zona roja, en el Choco a una vereda de esas olvidadas por el mundo, allá me toco sacar mis habilidades como paisa para volverme amigo de todo el mundo, como cosiaca me la pase enredando a quien podía con tal de no ir a hacer guardia a los lugares más peligroso, así logre sobrevivir a mis 2 años de servicio, sin tener que disparar ni una bala.

Después de todo esto pude volver a Medellín pero no me había salido de una para meterme en otra, los parceros del combo pasaron de ser simples guerreros del barrio a volverse Paracos, estaban en pleno inicio de guerra entre la guerrilla que se había tomado la parte alta de la comuna y nosotros que ya éramos parte de las AUC, todas las noches nos tocaba salir a patrullar con los fusiles al hombro los enfrentamientos no eran directos, era como una guerra fría solo cuando escuchábamos disparos que venían desde la parte alta respondíamos pero en realidad nadie veía a nadie, eso si toda la comuna sabía que después de las 8 se debían encerrar porque no se sabían para donde iban a ir las balas. Aunque esto cambiaria, la guerra se recrudeció en la comuna, los guerrilleros tenían más gente, cada noche se iban tomando un barrio nuevo, una olla nueva, iban bajando cada vez más cerca de nuestro territorio hasta que llegaría aquel famoso 16 de octubre y la operación Orión.

Imagen del archivo de la revista semana donde se ve a un paramilitar dándole órdenes a los soldados del ejército en la operación Orión.

Yo acababa de cumplir años no había ni alcanzando a celebrar cuando nos llegaron las ordenes de que estuviéramos listos porque la comuna nos la íbamos a tomar pero esta vez no estábamos solos, el ejército nos iba a acompañar, nos reunieron un día antes en una bodega en la vía a la costa y nos dieron camuflados, eso sí sin ninguna distinción militar o nombres, yo logre convencer a los duros que me dejaran atrás en el último grupo, el que se iba a encargar de sacar casa por casa a los guerrillos escondidos, los enrede diciéndoles que yo conocía a todo el mundo pero era mentira, simplemente estaba cagado del susto de esa plomacera que se venía, esos dos días son de los peores que recuerdo en mi vida, lo único bueno es que pude salvar a un pelao que yo conocía, había crecido conmigo en el barrio y estudiaba en la de Antioquía, cuando lo iban a subir al camión para llevarlo a la escombrera lo vi dije que era mi primo, que él nos ayudaba era a nosotros no a la guerrilla, lo salve que lo desaparecieran ese día.

Estuve como 1 años más volteando en el barrio hasta que ya me toco la guerra contra otro bloque de los mismos paramilitares, nosotros pertenecíamos al Cacique Nutivara le hacíamos caso a Don Berna pero en la ciudad había otro bloque el Metro, para esa época ya se hablaba que el gobierno nos iba a dar una amnistía para salirnos de la guerra pero el bloque metro se oponía a que se negociaría con el gobierno por eso la orden fue muy simple, desaparecerlos, justo en el barrio de al lado había otro combo que pertenecía al Metro, en una noche de esas de patrullaje nos emboscaron fue en ese momento que me pegaron los tres tiros en la cara, íbamos 6 del combo caminando cuando pasamos una esquina y nos dispararon de todas partes, de los 6 mataron a 5, yo me quede en el suelo tirado, estaba plenamente consciente, solo sentía un ardor por toda la cara pero me hice el muerto porque pude ver cuando se acercaban a cerciorarse que estuviéramos todos muertos, ese día me gane el dicho “ni el mismo infierno se llevó a cosiaca” , el resto del combo llego minutos después, me subieron a un taxi y me llevaron a lo que daba al hospital Pablo Tobon.

Allá me salvaron, también allá conocí el amor de mi vida, me conquiste a una de las auxiliares de enfermería, así con la cara destrozada y con un tic nervioso por las secuelas de las balas, imagínense lo enredador que era, actualmente es mi esposa, yo me desmovilice en el proceso de justicia y paz del presidente Uribe prometiéndole a ella que nunca más iba a tomar un arma, nos fuimos para Pereira ya que ella es oriunda de esas tierras, me gradué del colegio estudiando en la nocturna, ahora soy transportador, manejo camiones, ando gestionando mi libreta para que me puedan contratar manejando un camino que mueve tierra en Ituango ya que se está haciendo una represa, en esas tierras si que hay desaparecidos enterrados, ahora los quieren ahogar, bueno ya el lunes me presento a una amnistía para desmovilizados y remisos en el coliseo mayor, de allá salgo con libreta si o si.

Los grupos paramilitares o AUC se desmovilizaron con el primer intento de justicia restaurativa en Colombia, muchos hombres dejaron las armas pero muchos más volvieron a delinquir.

Esta historia me la conto Daniel en la famosa amnistía para sacar la libreta, ese día me toco justo al lado en la fila y me dijo sin siquiera saber mi nombre “péguese al corte que de acá salimos rápido” aún se notaban las secuelas de la guerra en su rostro pero como digno dueño de su apodo a punta de enredos y maromas nos ahorró unas 10 horas de filas, de esto ya han pasado 12 años, hoy me toco rebuscar en lo más profundo de mi memoria para acordarme de todo lo que me hablo en unas 14 horas que duramos en el coliseo mayor, historias hay en todas partes solo se necesita saber escuchar, los dejo por el día de hoy y les deseo una feliz semana.

La historia de Daniel también es la muestra de como el amor puede transformar vidas.

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