Buenos días, hace unos meses escribí un artículo sobre el feminicidio llamado secretos familiares de como un tío de mi mamá mato a su esposa en un ataque de celos y era ese elefante rosado en la habitación que mi abuela nunca quería mencionar porque para ella su hermano era inocente, ese hecho que todos veían pero preferirán no nombrar, luego escribí una de las primeras historias que hice en el blog como homenaje a una mujer que fue asesinada en el municipio de Dosquebradas, una historia que llego a mí de manos de otra mujer que la trato de salvar del infierno en que estaba, realmente no quisiera escribir más del tema porque siento que ya han sido muchos artículos hablando de eso de manera directa o indirecta pero no puedo ignorar el elefante rosa en la habitación que como país no queremos hablar y solo miramos cuando ocurre algo como lo que paso esta semana con Diana Carolina Serna en el municipio de la unión, valle del cauca, asesinada por su expareja sentimental a plena luz del día.
Hay verdades incomodas que tenemos como sociedad pero hemos preferido ignorar o muchas veces normalizar, solo es buscar la palabra feminicidio para ver la cantidad de casos que ocurren en nuestro país semana tras semana, además de que las cifras del feminicidio solo son la punta del iceberg de la violencia machista que en nuestras ciudades ronda, desde el acoso callejero ya es el reflejo de estos comportamientos, lo más triste es que no reaccionemos como nación de manera masiva a estos eventos, nos enteramos más por el morbo que en las redes sociales genera, al ser una sociedad machista y clasista eliminar de nuestro sistema es bastante difícil porque no todos los comportamientos machistas los vemos como violencia, es la maldición que se ha pasado generación tras generación de familias colombianas.
Además la forma de medirlo es muy fácil solo miren a su alrededor dentro de su cotidianidad, es bastante probable que alguna de las mujeres con que conviven día a día haya vivido una situación de violencia de género o acoso, en lo personal conozco bastantes casos de mujeres que desde edades muy tempranas sufren de estas situaciones y una de las formas de comenzar a solucionar el problema es hablar de él, no para normalizarlo sino para enfrentarlo, si seguimos ignorando el elefante rosa que es la violencia de genero nunca vamos a poder encontrar el porqué de sus causas, ni vamos a poder tratarlas para no descargar más karmas generacionales, es la importancia de ser capaz de tener una nueva generación de hombres que sepan que la violencia no se aplica por ningún motivo contra ninguna persona, mucho menos contra una mujer y una generación de mujeres que comprendan que no deben tolerar ninguna situación de violencia, ni siquiera verbal en una relación, que sepan que deben ser independientes para nunca tener que verse violentadas por otra persona que quiere controlar sus vidas.
Este es un artículo corto más para invitarlos a pensar que comportamientos han normalizado en sus casas o con sus parejas que no son normales, también para hacerles una invitación de brindarle la mano para ayudar cuando se den cuenta que una mujer cercana a ustedes pasa por una situación similar, háganlo sin juzgar, que no nos cueste más vidas poder cambiar como sociedad, les dejo los artículos que he escrito sobre este tema para las personas que los quieren leer, hoy escribí porque simplemente no era capaz de ignorar el elefante rosado, también los dejo con un escrito del maestro Galeano que aplica hoy más que nunca:
“Hay criminales que proclaman tan campantes ‘la maté porque era mía’, así no más, como si fuera cosa de sentido común y justo de toda justicia y derecho de propiedad privada, que hace al hombre dueño de la mujer. Pero ninguno, ninguno, ni el más macho de los supermachos tiene la valentía de confesar ‘la maté por miedo’, porque al fin y al cabo el miedo de la mujer a la violencia del hombre es el espejo del miedo del hombre a la mujer sin miedo”
Crónica de un fantasma, historia de una mujer víctima de feminicidio.
Secretos familiares, historia del feminicida que existió en mi familia.
