Historias del cotidano: Perro negro.

Buenos días, la historia de hoy me la conto una persona que conocí en mi niñez y sin que yo lo supiera es fiel lector de lo que publico, una historia donde vamos a conocer la versión del “malo” como el mismo se identifica, es bastante cruda por lo cual debo advertir a los lectores más sensibles.

Cómo siempre vamos a tener a rap como banda sonora.

Perro negro

Mucho gusto mi nombre es Mateo mejor conocido como perro negro, tengo 33 años y soy de profesión sicario aunque ya estoy retirado, realmente mi historia no es la típica del muchacho de barrio que se metió a hacer vueltas por falta de oportunidades, yo las tuve todas pero me gustaba la mala vida. Nací en una familia acomodada, no éramos ricos pero tampoco pobres, simplemente vivíamos bien, mi papá era policía, mi mamá profesora, yo hijo único por lo que siempre tuve lo que quise en mi niñez, no crecí en un barrio sino en un conjunto cerrado clase media alta con todas las comodidades del mundo, piscina, cancha y amigos muchos amigos, mi niñez fue bastante feliz, los únicos malos recuerdos que tengo son las pelas que me daban porque me iba mal en el colegio, mi cucho me pegaba como para acabarme, nunca fui buen estudiante.

Es en mi adolescencia donde mi vida comienza a tomar un rumbo diferente al de los jóvenes clase media alta de Colombia, como ya les conté toda la vida fui mal estudiante pero no porque no entendiera, sino porque me aburría, sentía que yo no iba a necesitar estudiar para vivir bien, por lo que era de esos muchachos caspas que echaban de todas partes, mi mamá quería que yo fuera médico o abogado por lo que me pago desde niño colegio privado pero yo me hice echar de todos, cuando iba en noveno ya había pasado por 4 colegios diferentes, en decimo me echaron del ultimo por llevar marihuana al salón, mis papás sin saber que hacer me metieron a validar a un instituto muy famoso de Pereira, el liceo andino, allá era donde terminaban los que no recibían en ninguna otra parte.

En el Andino fue donde comencé a conocer gente involucrada en cuentos raros, en los colegios privados donde estudie por lo general yo era el más “malo” pero lo único que hacía era fumar marihuana o involucrarme en una que otra pelea, allá en el liceo si había pelaos dañados a más no poder, muchachos que consumía perico o Popper antes de entrar a clases, además era el más niño de todos, apenas tenía 16 años mientras que los demás tenían unos 20 en promedio.

Yo comencé a andar mucho con un parcero que conocí en el salón, él vivía en un barrio cerca de mi conjunto,  el gordo, seguía estudiando porque la chucha le insistía que quería verlo bachiller pero al gordo lo que le gustaba era ser bandido, ya tenía su propia red de venta de vicio que era muy simple, conseguía vareta con los de la olla del barrio para vendérsela el doble de cara a los pelaos fresas que conocía, el gordo me propuso que creara la mía porque yo tenía que conocer mucha gente puppy  entonces íbamos a ganar mucho billete, a mí se me iluminaron los ojos apenas me conto cuánto dinero podíamos hacer en una semana pero me advirtió que primero teníamos que ir a hablar con un tío de el que trabajaba con la cordillera para pedirles permiso porque si lo hacíamos sin que ellos supiera y nos pillaban nos metíamos en la grande.

El gordo me llevo a un conjunto muy cerca del mío donde me presento a el tío que irónicamente su apodo era tío porque vivió muchos años en España entonces en vez de decir “parce o parcero” decía “tia o tio”, era un hombre alto y gordo de unos 40 años, parecía a simple vista muy simpático, se la pasaba todo el día en una tienda al lado de la portería del conjunto, esa era como su oficina, ahí llegaba todo el mundo a buscarlo para pedirle favores o pagarle plata, él me pregunto que a cuantos creía que le iba a poder vender drogras y yo tenía calculado que unos 40 o 50 muchachos, por lo que nos dio el permiso advirtiéndonos que cualquier problema al primero que le debíamos decir era a él, también nos dijo cuanto era él % que se llevaba del negocio, además ese día me hizo un regalo, me llevo a la camioneta que tenía parqueada para darme un revolver, porque si iba a vender droga tenía que tener con que defenderme.

El negocio comenzó a marchar viento en popa, yo conocía a mucha gente entonces eso servía, me di cuenta que era buen negociante hasta comencé a manejar línea de crédito y descuentos para los clientes frecuentes, también el tío nos comenzó a involucrar cada vez más en toda su organización, me enseñaron a manejar un arma porque yo no tenía ni idea de eso, el único revolver que había visto era el de mi cucho cuando llegaba a guardarlo en la casa, disparar se me dió como un talento natural por lo que agarre fama en el combo del tío que era tiro fijo. Duramos como un año así, el gordo y yo nos graduamos del colegio, yo entre a la U a estudiar ingeniería comercial por insistencia de mi cucha, el gordo ya se dedicó de pleno a nuestros negocios, yo conseguía los clientes el gordo la droga, para esa época la cucha me había regalado carro para ir a la u, ese Aveo se convirtió en el centro de operaciones pero no todo en esta historia podía ser color de rosas y se que para estas alturas se están preguntando cuando me volví sicario.

Resulta que el parche se nos iba a calentar cambiando mi vida de ese momento para adelante por completo, uno de los clientes que tuve vio nuestro esquema de negocios como algo digno de copiar por lo que comenzó a hacer lo mismo que nosotros pero para que de ninguna olla de Pereira lo sapearan con la cordillera se arriesgo a comprarle en Cartago a los flacos droga para subirla a Pereira y venderla acá bajo la misma modalidad de nosotros, con su propia red de mercadeo, entonces cuando el tío se dió cuenta de eso nos llamo al gordo y a mi porque era el momento de probar finura, nos dijo que le debíamos dar piso para que nadie se atriviera a volver a tener la valentía de vender sin permiso, además me dijo “ese muñeco es suyo”, el tío confiaba en que no nos íbamos a patrasear además sabía que los flacos no iban a romper las fronteras para cobrar venganza por lo que había vía libre para la vuelta.

Ahora que lo pienso recuerdo ese día de la vuelta como si fuera ayer que lo hubiera vivido, era viernes y el futuro muñeco estaba vigilado, mantenía en un parque de un barrio de bien en Pereira entonces no fue tan duro llegarle, el tío nos dió la orden, la descripción del futuro difunto de pies a cabeza, por lo que no nos quedaba de otra, yo iba más firme que nunca, al gordo le tocaba manejar la moto, una dt robada que nos habían dado solo para eso, yo iba atrás de gatillero, realmente matar a ese pelao fue fácil, llegamos al parque el estaba sentado en una banca dando la espalda a la calle, sin quitarme el casco yo solo me acerque hasta que lo tuve tan cerca que sabía que no iba a fallar, desenfunde el revolver y vacíe el tambor con la velocidad de un vaquero del oeste, alcance a ver cómo caía el muerto al piso con el cráneo destrozado, varias balas le habían dado en la cabeza, camine tranquilamente a la moto, el gordo arranco como alma que lleva al diablo, esa sensación que sentí no se me olvidará nunca, era una adrenalina diferente que no hay como explicarla, después guardamos la moto en un taller del centro donde la iban a desarmar para venderla.

La vuelta salió perfecta, el tío estaba impresionado por la frialdad con que había hecho todo, como si llevara toda la vida matando tanto así que me dijo “usted no es la primera vez que mata, esto es mucho perro” y como yo soy bastante moreno de eso surgió mi apodo perro negro, aún no había cumplido 18 años, estaba en primer semestre de u pero ya tenía mi primer muñeco en las espaldas. Después de eso el tío nos metió de todo en la organización, ya recibíamos sueldo como parte de la nómina, es que ustedes no se alcanza a imaginar lo organizado que es un negocio de esos, el tío comenzó a darme vueltas más seguido y el gordo era mi conductor de confianza, hasta la cuenta llevo 33 muñecos en mi colección pero subí en las escalas de la organización, ahora lideró una oficina de cobró y narcotráfico fuera de Colombia, soy como un gerente de sucursal pero de una multinacional dedicada al crimen, me ha ido bien ya no me toca matar gente pero si soy el que coordino a quien se mata.

Hoy en día tengo 33 años la edad de cristo, eso es un gran logro en este negocio, al gordito me lo mataron hace como unos 6 años después de jugar un partidos de fútbol y buscarle pelea a uno que no sabía que era más malo que el, estudie hasta quinto semestre de la u hasta que le dije a mi mamá que me iba a retirar para vender “celulares” que eso era lo que daba plata, ella aún cree que yo vendo celular tan linda la cucha toda inocente, hace unos 4 años no hago ningun asesinato, el último que mate fue a un comerciante que nos debía mucha plata, iba en el carro con toda la familia, pude alcanzar a escuchar los gritos de desesperó de las hijas del difunto cuando el primer disparo dió en su papá, para uno estar metido en este negocio tiene que tener el alma bastante negra y ser adicto a esa adrenalina que produce tirar del gatillo.

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