Buenos días, la semana pasada hice una encuesta en mis redes sobre el problema de las adicciones y era en razón a esta historia la cual me la contaron hace ya algunos años:
Amor de pipa
Hola mucho gusto me llamo Jorge pero me dicen Inge, soy un habitante de calle, aunque realmente ya no me suelen llamar mucho por mi nombre de pila porque lo deje de utilizar desde el primer día que dormí bajo un puente, quiero contarles un poco de mi historia para que sirva de testimonio sobre muchos males que nos aquejan como sociedad.
Nací en una ciudad de Armenia, la ciudad milagro, llegue a esta vida rodeado de todos los privilegios, si fui de esos niños que nace de verdad con el pan bajo del brazo, mi familia era de esas que se puede decir que tienen “plata”, nunca pase una necesidad y no tuve que preocuparme por mi futuro económico, estudie en el mejor colegio de mi ciudad, cuando termine el bachillerato me mandaron a estudiar a Bogotá, originalmente en mi casa querían que fuera a estudiar a Estados Unidos pero convencí a mis papás de quedarme en Colombia ya que no quería estar lejos de mi primero y único amor Marcela.
Marcela fue mi novia de colegio, ella también venia de una familia como la mía entonces los dos nos fuimos a estudiar a la capital, ella a la del rosario y yo a los andes, ella derecho, yo ingeniería industrial (de ahí vino el apodo que muchos años después recibiría en la calle), éramos una pareja de esas que tiene vida de novela gringa, novios del colegio y de universidad, ella se graduó 1 año antes que yo ya que me fui a estados unidos a un intercambio de la U, graduados a los 24 años, la vida perfecta, enamorados y en unas vacaciones en Francia le propuse matrimonio, la historia de cuento de hadas de los niños ricos en Colombia pero algo iba a cambiar.
Ambos nos devolvimos para nuestra ciudad a ejercer lo que habíamos estudiado con las empresas familiares, a mí me crearon un “cargo” para justificar lo que me pagaban en el grupo empresarial de mi casa pero realmente no hacía mucho, marcela se fue a trabajar en el buffet de abogados del papá que era muy prestigioso en la ciudad. Ella comenzó a estar ocupada entre semana y yo a tener mucho tiempo de ocio ya que no era mucho lo que hacía de trabajo pero una de mis funciones era recibir a los visitadores de los proveedores para la empresa y en una visita de esas cambiaria mi vida. Me acuerdo muy claro de ese día, yo estaba en mi oficina y me anuncio la secretaria que había venido una visitadora más, yo solo pensé que iba a ser una reunión aburrida donde me iban a ofrecer nuevos productos, lo que yo no esperaba era que iba a entrar la mujer más bonita que había visto en mi vida, cabello negro, alta, blanca y de ojos claros, se llamada Daniela, ella y yo tuvimos conexión desde el principio, yo había tenido una que otra aventura en los años de noviazgo con Marcela pero nunca había sentido lo que sentí por Daniela cuando la vi, era una sensación estremecedora, me arriesgue y cuando termino la reunión la invite a salir.
Comencé a salir con Daniela sin que Marcela se diera cuenta, iba a las otras ciudades del eje cafetero para esconderme de mi ciudad pequeña con espíritu de pueblo donde todos se conocen, estaba loco por esa mujer pero pensé que era mi última aventura antes de sentar cabeza pero Daniela guardaba un secreto. Ya después de 1 mes saliendo me hizo una propuesta que no esperaba, me propuso esnifar coca antes de tener relaciones para que sintiera muchísimo más todo lo que íbamos a vivir, en medio de mi traga yo acepte y desde ese momento mi vida no tuvo vuelta atrás, fue como comenzar a jugar a la ruleta rusa pero yo siempre iba a perder.
La frecuencia de los encuentros con Daniela aumento, también mi consumo de cocaína, era adicto a la sensación de aventura que tenía con ella, yo siempre fui el niño bueno y ella era todo lo que representaba el mal en mi vida, así pasaron varios meses y se comenzaba a acercar la fecha de mi boda, cada día estaba más lejos de Marcela pero ella ni por enterada se daba, justo a 2 meses del día de la boda tome la única decisión franca en ese periodo de mi vida, deje a Marcela, no le dije un porque, ni una explicación solo me fui, siento alivio de haberla salvado de que no tuviera que luchar en este inferno conmigo.

Yo ya tenía vía libre para andar con Daniela sin miedo a nada pero por el que dirán de la gente y sobretodo de mi familia nos íbamos lejos de Armenia cada fin de semana, comenzamos a experimentar con otras drogas bajo la excusa de sentir diferente en el sexo, LCD, marihuana, estasis, otras más raras como polvo de Ángel pero la que más me haría daño seria el famoso crack, cuando ella lo llevo para consumirlo me dijo que era lo mismo que la coca pero mucho más fuerte, que era la forma nueva de consumirlo en USA, quien iba a creer que esa droga que ella me contaba como lo más novedoso era simplemente los desechos químicos que se generaban al procesar la coca, entre ella y yo comenzó un amor de pipa.
Yo sentía que amaba a Daniela y que ella a mí pero me daría cuenta unos meses después que no era así, resulta que me tocaba ir a recibir un pedido grande a Buenaventura entonces me lleve a Daniela a que me acompañara, conmigo llevaba el dinero para pagar todo el desembarque y el traslado de la mercancía hasta Armenia, eran mediados de los noventa entonces la forma de hacer negocios en Colombia era diferente a la gente le gustaba que uno le pagara en efectivo por eso llevaba mucho dinero escondido en una maleta y Daniela sabía, llegamos a buenaventura un jueves por la tarde entonces salimos a comer para después irnos de rumba, la noche fue otra más para nosotros alcohol, drogas y sexo pero al despertar algo había cambiado Daniela no estaba ni la maleta con el dinero.
Me había robado, eran más de $150.000.000 de pesos, al día de hoy serían unos $700.000.000 de pesos si mis conocimientos de economía no me fallan, no me quedo de otra que llamar a la empresa a decir que se habían metido al hotel a robarme, hasta denuncia hicimos en la fiscalía porque Daniela era un secreto para mi familia y era mucho más lo que perdían donde se enteraban que ella me robo, además que por ella no me case, de Daniela no se supo más en Armenia, la busque por cielo y tierra pero nunca apareció, ella se fue pero conmigo quedo el vicio, me refugie en la noche por el despecho tan HP que tenía. Comencé a salir todas los días estaba joven y tenía plata entonces en la rumba encontré una respuesta a todo lo que estaba viviendo, en esa época el consumo de coca era mucho más común que ahora, la coca es una droga de borrachos porque se usa más que todo para “bajar” la borrachera, entonces la solíamos consumir ya muy entrada la fiesta, era un momento en mi vida lleno de rock, coca y alcohol, como dice una canción.
La coca se comenzó a volver mucho más habitual en mi vida porque ya la consumía como quien se toma un café por las mañanas, una línea para empezar el día, otra línea para terminar, me volví visitante cotidiano de la olla, pero ese ritmo de vida comenzó a pasar factura en mis finanzas, por más dinero que yo tuviera no había forma de aguantar una vida solo de rumba y viajes, por lo que comencé a sacar dinero de las empresas sin que nadie se diera cuenta, al principio eran pequeños huecos que se fueron agrandado hasta que en algún momento todo colapso, el revisor fiscal de mi familia se dio cuenta. Mis papás me confrontaron y les conté que tenía problemas con el “alcohol” iniciamos un proceso de interdicción voluntaria para además entrar a un centro de rehabilitación, apenas tenía 27 años, dure unos 3 meses hasta que salí limpio.
Ya no trabaja más porque necesitaba “recuperarme” pero mis papás seguían pagando mi sueldo de la empresa, no duro mucho tiempo para que cayera de nuevo en las drogas, mi cuerpo me pedía coca, era una sensación indescriptible, 2 años después dormiría por primera vez en la calle tras perder el apoyo de mi familia, al ya no tener dinero para la coca volvería al crack o como le dicen en Colombia bazuco, para no hacerles mi historia tan larga termine en el cartucho en Bogota, allá me pegaron una puñalada por robarme una dosis y una fundación me rescataría, con ayuda de mi familia volvería a Armenia, ahora de 37 años, pasaría por otro centro de rehabilitación pero acepte que no quería sufrir otro día más de síndrome de abstinencia por lo que llegue a un acuerdo con ellos, yo no quería que la gente de “bien” de mi pueblo me viera así pero ellos tampoco me querían lejos por lo que les propuse que me iba para Pereira, ellos me pagaban una piecieta, me mercaban, nos veíamos cada 15 días con mis papás y hermanas, ellos se iban mientras que yo me quedaba en la Perla del Otun en mi propio infierno.
Me volví un personaje famoso en las ollas del centro por lo educado y bien presentado que siempre estaba, me decían inge, mi labor en la olla ha sido hablar con otros habitantes de calle para darles un buen consejo sobre todo a los que veo nuevos tratar de ayudarlos a salir de esto ya que yo nunca pude, yo ya hice la paz con mis demonios pero no quiero que ningún joven viva esto, por eso con los que más hablo son con ellos cuando los veo entrar a la olla a comprar vicio.
Nota del escritito: El Inge murió en la calle de tuberculosis en el año 2019, esta historia me la conto cuando iba con otros amigos a hacer un trabajo social con los habitantes de calle del centro de la ciudad, el como muchos otros habitantes de calle tenía una enfermedad que era una adicción pero no era un delincuente o una mala persona, las adicciones son un problema de salud pública que debe ser visto así, de nada sirve con echarles la policía sino prevenimos y educamos a las futuras generaciones, no se trata de prohibición, se trata de concientización para tratar de prevenir que muchos joven repitan la historia del inge.