Historias del cotidiano: un abrazo

Buenos días, el día de ayer pregunté en mis redes sociales si desde sus trabajos sienten que ayudan a los demás, la pregunta se debe a esta historia que es protagonizada por mi madre, una mujer que a lo largo de su vida ha creído firmemente que el trabajo toca hacerlo desde el corazón y con eso a lo largo de los años ayudo a cambiar muchas vidas:

Esta canción representa en todo lo que cree la protagonista de la historia de hoy.

Un abrazo

Era un lunes más común que corriente, María se encontraba en la sede de la EPS dispuesta a pelear por sus derechos sino la atendían rápido, ella toda la vida ha sido la defensora de las causa imposibles por eso pelear encontrar del nefasto sistema de salud colombiano era otra batalla más, maestra de profesión, feminista por educación y guerra por convicción, cuando estaba lista para acercarse al counter de atención para iniciar su batalla vió una cara conocida que se acercaba diciéndole:

“Profe profe”

Ella en los más de 30 años como maestra ha tenido miles de alumnos, desde sus años como normalista hasta los de profesora universitaria y a pesar de que trata de acordarse de todos después de tantos años los rostros van cambiando por lo que es imposible pero ese en especial se le hacía muy conocido, cuando por fin la reconoció sintió que le daban un abrazo diciéndole

“Gracias”

Aunque está historia comienza 20 años atrás de ése abrazo, María para esa época llevaba ya unos 10 años de maestra,  estaba curtida en las aulas por lo que nada le podía dar miedo, comenzó siendo profesora normalista a sus 17 años, luego se graduó de la universidad y pudo entrar al magisterio, no sin antes organizar la primera huelga realizada por maestro provisionales que el gobierno departamental no quería nombrar a menos que tuvieran influencias de algún político que les ayudará, ya se había enfrentado a otros maestros que se querían sobrepasar con las estudiantes por lo que tomó fama de ser implacable, era a la que las estudiantes acudían cuando tenían problemas, en ese entonces añadió otra tarea más a su día a día, ser la orientadora del colegio, un trabajo por el cual no recibía por un pago adicional pero ella lo hacía sabiendo que existía la posibilidad de poder cambiar una vida.

Apenas estaban iniciando el año escolar por lo que era normal que los niños y niñas que acababan de entrar a la secundaría acudieran a ella, muchos para contarle situaciones en sus casas, otros para ponerle quejas de compañeros, alguno más porque simplemente buscaban alguien que los escuchará, en una de esas orientaciones llegó una niña de apenas 12 años, Lina la otra protagonista de ese abrazo del principio, María ya la había notado en la clase de historia que le daba a los sextos porque a diferencia de los demás niños que estaban entrando a la adolescencia los cuales eran sumamente bullosos Lina era muy retraída, no habla con otras niñas, no participaba en clase, un comportamiento que alertó el radar de María.

Cuando Lina pidió cita con María para orientación sabía que algo malo estaba pasando, en las primeras citas Lina no habla mucho pero María le iba sacando sus problemas de a poco, le fue contando de su familia y los problemas económicos que sufrían, que se sentía rara con los demás niños de sexto pero ella sabía que había algo más, en los ojos de Lina se notaba la tristeza, como si su alma estuviera rota, hasta que en la tercera sesión Lina explotó en un llanto inexplicable como queriendo liberar con lágrimas aquello que la estaba matando en vida, María sin saber que era comenzó a calmarla diciéndole que le contará lo que pasaba, Lina le decía que no podía porque era muy grave y tenía miedo, hasta que soltó las palabras que tanto tiempo había guardado:

“Profe es que el esposo de mi tía abusa de mi”

No era la primera vez que María se enfrentaba a un caso de abuso contra una menor, pero a pesar de que ya tenía experiencia ver la mirada de tristeza de Lina le rompió el corazón, como pudo la calmó diciéndole:

“De aquí en adelante usted ya no está sola porque acá voy a estar yo”

María corrió a citar a la mamá de Lina de manera urgente en el colegio, la llamó diciéndole que era algo que no podía esperar que se fuera ya para allá a verse con ella, cuando la mamá de Lina llegó la sentó en la cafetería para contarle la historia y esa mujer rompió en llanto también, María les dijo que lo primero era ir a la comisaría de familia a instaurar la denuncia a lo que la mamá de Lina acento diciendo que al otro día se iba a hacerlo a primera hora, María se fue para su casa preocupada por aquella niña solo unos años mayor que su hija pero con la convicción que la había podido ayudar.

Esa noche una llamada entraría al celular de María, era un hombre que se identificaba como familiar de Lina diciéndole:

“Vea señora muchas gracias pero ese problema lo vamos a resolver en familia, sin ninguna denuncia y no se meta más”

Después de aquella llamada María no pudo dormir de la irá esperando para ir al colegio al otro día y continuar con la lucha porque ella no iba a dejar que el alma de esa pobre niña se la llevará un pedófilo, por eso lo primero que hizo María al llegar al colegio la mañana después fue buscar a Lina para que le contará que pasó y Lina con la voz entrecortada le dijo:

“En la casa me dijeron que no podía contar nada más porque si yo seguía hablando el esposo de mi tía se iba para cárcel y mis primitas se iban a quedar sin qué comer”

Estallando nuevamente en llanto, María lograría calmarla preguntándole algo muy simple:

“¿A ti te parece justo eso?”

A lo que Lina contestaría con lágrimas aún en los ojos:

“No señora”

Por lo que María le haría otra pregunta:

“¿Y a ti te da susto? Porque a mí no y yo te llevo a comisaría para hacer la denuncia.”

A lo que Lina simplemente contestaría:

“No profe a mi miedo no me da”

Con esa palabras María saldría corriendo dónde el rector para pedirle permiso de irse del colegio con Lina rumbo a la comisaría de familia,  María acompañaría a Lina en todo momento fue un día eterno pero la denuncia ya estaba instauradas, días después el Esposó de la tía sería arrestado y enviado a la cárcel, ese mismo año sería condenado a más de 10 años de cárcel por acceso carnal violento con menor de 13 años.

Lina ya sin su martirio tendría una adolescencia normal aunque en su familia la culpaban porque por ella su tía estaba pasando “necesidad” pero si algo le enseño María a Lina esos días fue valentía para enfrentar cualquier cosa, María vio como Lina iba pasando todos los años de bachillerato en el colegio, hasta que estaba ya en 11 cuando un día le diría:

“Profe cuidese mucho que yo creo que ese monstruo va a salir”

A lo que María le diría
“Dale mi número y que me llame que a un hijueputa como ese miedo no le tengo porque solo es capaz de hacerle daño a los chiquitos”

Lina se graduaría del colegio, haría su familia, se casaría y tendría hijos, hasta que 20 años después se pudo encontrar para darle un abrazo a esa profe que cambió su vida.

Nota: mi madre protagonista de esta historia a lo largo de su vida son muchas las almas que ha rescatado del abismo, hace no mucho me escribiría un ex alumno de ella que me conocía para decirme que ella le había ayudado en un momento muy duro de su vida cuándo el andaba en malos pasos, de ella aprendí que no hay lucha perdida ni causa muy grande contal de que sea justa, por eso soy fiel creyente que todos los días desde lo que hacemos podemos cambiar vidas.

Deja un comentario