Capítulo 59: tiempo de filosofar, otra vez.

Buenos días, hoy les vuelvo a escribir un articulo como los que no hacia hace ya un buen tiempo, escribir hace parte de mis hobbies, lo inicie como una forma de expresar todas esas ideas o problemas que callaba pero desde unos meses para atrás lo enfoque en otra parte de la literatura que me gusta mucho, la crónica periodística ya que dentro de mí siempre ha estado un periodista en potencia que le gusta contar las historias de la gente del común esas que han leído semana tras semana, como dijo el maestro Eduardo Galeano “El mundo no está hecho de átomos, está hecho de historias”.  Por eso hoy les quiero contar una historia persona combinada con un poco de reflexión ya que puede que alguno este pasando por un periodo similar y puede que le ayude leerla.

Hace menos de una semana mi vida dio un giro bastante drástico ya que termine una relación laboral que se había vuelto mi normalidad y como todos los seres humanos me había adaptado a una rutina, mi trabajo se había vuelto parte de mi paisaje, mi rutina parte de mi cárcel, el día se resumía en entrenar, trabajar y esperar el fin de semana, presupuestar el sueldo para pagar los gastos, solo tenía pequeñas actividades que rompían esa monotonía, realmente sabía que necesitaba un cambio y estaba trabajando en pequeños pasos para hacerlo, pero la vida me quiso sorprender acelerando ese proceso.

Terminar esa relación laboral fue la forma de la vida de mostrarme que el cambio era necesario, ya que simplemente el trabajo en que estaba ya no era el lugar al cual pertenecía porque a pesar de que tengo que agradecer por toda la experiencia que me dejo también tenía que ser consiente que era un ciclo el cual debía ya dejar, aunque terminarla de esa manera fue bastante sorpresiva porque no me dio tiempo para pensar en cual sería el siguiente paso, el día que salí de la oficina con todas mis cosas empacadas en una bolsa realmente me sentía perdido y con miedo de la incertidumbre que genera volver a reinventar la cotidianidad, pero les dejo la primera reflexión de esta pequeña historia y es que la mejor forma de volver a retomar el camino es perderse.

Sentirse perdido nos genera la necesidad de buscar el rumbo que realmente queremos, nos da una forma de comenzar a buscar el camino al lugar donde realmente pertenecemos, en la incertidumbre es donde sale a flote la capacidad de resiliencia nata que tenemos como especie, esa capacidad que nos llevó a lo que somos hoy en día como humanidad, podernos adaptar a los obstáculos, ser capaz de movernos al mismo ritmo que el temblor que esta sacudiendo nuestras vidas, por eso ese día mientras que iba en un taxi desde el centro hasta mi apartamento sabía que a pesar de que no tenía idea de cuál sería el próximo paso en mi vida lo iba a encontrar y así lo estoy haciendo retomando el camino al cual sé que pertenezco.

Realmente la historia de hoy es muy corta pero es una con la que se que muchos se pueden sentir identificados porque se que ha todos nos ha pasado que queremos cambios en nuestras vidas pero que implementar esos cambios nos genera miedo y los cambios son necesarios porque por ser seres de rutina volvemos parte de ella todo incluso esas cosas que nos están haciendo daño, por eso si usted siente que necesita un cambio hágalo que la vida al final va a acomodar todo por su propio peso, crean en ustedes, sus sueños, sus metas y sobre todo créanse el cuento de que pueden con todo, los dejo con esta pequeña historia/reflexión/tiempo de filosofar. Yo aún tengo susto a la incertidumbre, pero soy consciente de que debo trabajar día a día para llegar a ese camino en el cual siento que pertenezco, los dejo por el día de hoy y que nos vaya bonito a todos.

Nota: Además ya pueden contar con mis servicios como abogado a tiempo completo, junto con otros emprendimientos más de los que pronto se darán cuenta, no le tengan miedo al cambio.

Un comentario sobre "Capítulo 59: tiempo de filosofar, otra vez."

  1. Cami, como dices, la existencia es nuestra realidad más inmediata y para sentirla, muchas veces necesitamos que nuestras circunstancias nos pateen. En esos momentos, podemos postrarnos ante ellas o demostrar que tenemos la berraquera suficiente para superarlas. Ningún camino está hecho; lo hacemos andando y tú tienes un destino en construcción porque el destino no existe sin nosotros. Los tropiezos se convierten en acicates que te hacen luchar para levarte y no dudo, que, una piedra más con que tropieces, no será el obstáculo que te impida seguir adelante.

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