Historias del cotidiano: hay alguien detras de ti.

Buenos días la historia de hoy es de la vida real y un pequeño especial por halloween, espero les guste: 

Te recomiendo colocar está canción para la ambientación de la historia

Hola mucho gusto me presento pero no dire mi nombre para que no te asustes si un día estoy  hablando contigo y comienzo a mirar algo detrás de ti, en la actualidad tengo la edad de cristo pero esta historia realmente comienza desde que tengo uso de memoria, es algo que solo muy pocas personas cercanas a mi saben que me sucede, aunque ni yo sé cómo explicarlo.

Esta historia comienza desde niño debido a que siempre he sido muy curioso, con unas ganas inmensas de querer saber cómo funciona todo lo que me rodea. El típico niño que desbarata un balín para saber cómo está armado; un espíritu científico que ha chocado con un lado más místico al cual no le he podido encontrar explicación.

Desde que nací, tengo la capacidad de ver entes o personas que los demás no pueden ver, o solo pueden ver cuando esos entes quieren que los vean. Las primeras manifestaciones se dieron cuando comencé a hablar: conseguía amigos que solo yo podía ver. En la inocencia de un niño, mis padres lo tomaron como amigos imaginarios, pero a medida que crecí, comenzaron a preocuparse.

Mi amigo principal era un motociclista. No hablaba mucho, pero me acompañaba a todas partes. Yo le pedía el favor de que acompañara a los miembros de mi familia para decirme qué hacían y fue con eso que mi mamá se dio cuenta de que pasaba algo, ya que un día le conté algo a mi mamá algo que no tenía cómo saber pero que mi amigo me había dicho. Cuando mi mamá me preguntó cómo hice para saber, le dije “mi amigo el de la moto me contó”. En ese momento fue que en la casa se dieron cuenta de que ese amigo imaginario no era una creación de mi imaginación, sino que era algo que nos estaba acompañando en casa.

Mi familia, a lo largo de los años, se ha acostumbrado a esos sucesos. Es un secreto a voces que algo extraño ocurre en la casa, pero sobre el cual nadie habla abiertamente. De vez en cuando, nos suceden cosas inexplicables, como cuando tenía unos seis años. Estábamos todos viendo una película en el único televisor de la casa, que estaba en la habitación de mi mamá. De repente, en la cocina, que quedaba en el primer piso, se escuchó un ruido como si se hubiera roto toda la vajilla. Mi mamá, con nosotros detrás y una escoba en la mano, bajó dispuesta a enfrentar lo que fuera. Sin embargo, al llegar, todo estaba intacto. Algo o alguien nos había jugado una mala pasada aquella noche.

Estos fenómenos me han acompañado en cada lugar donde he vivido o trabajado, y he experimentado momentos muy extraños. Una vez, por ejemplo, vi cómo un vaso se movía en círculos por toda la mesa del comedor mientras estaba con un amigo. Al ver el vaso moverse sin ninguna explicación, mi amigo salió corriendo del lugar.

Más recientemente, al entrar a mi casa junto a mi madre, vi a una mujer parada en la cocina. Sabía que era un ente, ya que para este punto de mi vida me había acostumbrado a verlos. Sin embargo, en la mayoría de las ocasiones, cuando los veo, sé que los demás no pueden. Por eso, suelo ignorarlos. Pero esta vez fue diferente: mi madre también pudo ver a la mujer, quien estaba de espaldas a nosotros. Mi madre, pensando que era la señora que nos ayudaba con la limpieza, la saludó y le dijo:

“Hola gloria ¿como va?”

Pero aquel ente procedió a escapar de este plano desapareciendo a los segundos mientras que mi madre se devolvió al carro a sacar su bolso. Al entrar y no ver a Gloria en la cocina la comenzó a llamar por toda la casa, entrando en pánico al no recibir ninguna respuesta. Por lo que procedí a explicarle que Gloria no estaba allí, que yo también la había visto pero que como siempre creía que era un ente que no se iba a manifestar. Mi madre, pálida y temblorosa, me miró incrédula. describiendome a la mujer, a lo que le respondí «ella ya no está aquí»

Esto es un fenómeno con el que he aprendido a convivir. Los entes no son como la gente se los imagina, la típica imagen del fantasma de película de terror rara vez se ve, aunque no les puedo negar que algunos sí se llegan a ver así. Pero en realidad, su apariencia varía mucho. A veces solo se ve la silueta de un ser humano con un brillo opaco a su alrededor; en otras ocasiones no se ven, pero sientes que esa energía está ahí. Algunos cuentan que se ve una persona pero como una sombra, que te hace entender que no hace parte de este mundo. Y rara vez se ven entes “espeluznantes”, pero sí me ha tocado ver entes con su cuerpo mutilado o cuya energía se siente extremadamente pesada.

También he tratado de analizar esto desde el punto de vista de la física, con un ojo científico, para tratar de darles alguna explicación. He llegado a la conclusión de que son energías que hasta ahora no comprendemos y que, por algún fenómeno raro de la naturaleza, heredé esa capacidad de verlas. Porque también he indagado con “brujas”, “chamanes”, “angélogos”, etc., y la conclusión de todos es que lo más probable es que en la familia alguien más haya tenido ese “don”, como ellos lo llaman, en generaciones pasadas.

Esto, a su vez, me ha hecho entender que estos entes de energía también tienen niveles de poder según las interacciones físicas que logran tener con nosotros. No es el mismo nivel de energía de un ente que es capaz de tener contacto físico contigo a aquel que solo puedes ver u oír. Es un principio de física aplicado al esoterismo, similar a las interacciones fundamentales de la física de partículas. Por eso, a mí estos fenómenos ya no me producen miedo, aunque sí hay uno en especial que lo ha logrado, uno al que yo denomino «hombre sombra».

La primera vez que lo vi yo tenía alrededor de los 16 años y estaba un viernes por la noche solo en mi casa. Mi única compañía ese día era mi perro. Era una noche fría y lluviosa, por lo que este estaba acostado conmigo en mi cama mientras que yo jugaba en el play. Pero segundos después, mi perro se paró muy rápido de la cama, erizado en posición de ataque, mirando a la puerta. Lo que me hizo parar el juego para poder observar cómo una sombra muy alta caminaba por mi habitación camino al patio que quedaba contiguo. No se podía distinguir ningún rasgo, solo se veía una sombra pasar, entrando al patio y desapareciendo.

La segunda vez que lo vi fue unos 10 años después, un día entre semana a eso de la 1 am. Mi perro comenzó a ladrar, lo que me despertó. Pero gran sorpresa me llevé al ver mi brazo levantado en el aire y aquel ser de negro tomándolo. Por lo que mi respuesta fue hacer fuerza y, como buen colombiano, insultar. Desapareciendo este ser de un momento a otro, en esta ocasión mi perro, sin ser valiente, corrió de la habitación. Estas son las únicas dos ocasiones donde en realidad he sentido miedo por algo que vi. Hay muchas más historias, pero harían de esto un escrito muy largo. Solo mi familia y amigos más cercanos conocen de mi “don”. Por eso, cuando estoy con ellos y miro algo detrás de donde ellos están, se asustan preguntándome “¿cierto que hay alguien detrás de mí?”. Yo suelo ignorar la pregunta o les digo que no, pero lo más probable es que tú, en este momento mientras lees esto, tengas a alguien detrás de ti.

No mires atrás, aunque se que lo vas a hacer.

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