Buenos días, hoy los quiero dejar con un texto diferente, no es una historia, ni un artículo de auto superación o falsa psicología, solo es una carta un poco íntima de Camilo:
Cuando comencé a escribir, lo hice como parte de una terapia: tratar, por medio de mis vivencias, que alguien se sintiera reflejado y dijera “a mí también me pasa”. Pero me di cuenta de que era más fácil transmitirlo por medio de historias, mías o ajenas, basadas en hechos reales. De ahí nace Historias del cotidiano.
Hoy quiero volver a la escénica: una carta a mí, una carta al ser.
Hace poco escuché una teoría sobre cómo agosto es el mes en que todo colapsa; un tiempo en que aquellos asuntos que tienes sin resolver vuelven. Ese colapso es necesario, porque es el mes en que debes reiniciar y cambiar; de no hacerlo, tu próximo agosto será igual.
No soy mucho de creer en teorías místicas, metafísica o similares, pero sí creo que me está sucediendo. El agosto del 2024 fue uno de los momentos más difíciles para mí: enfermo, sin ánimos ni metas claras, escuchando una canción que, para mí, fue muy importante, cuyo coro dice “otro agosto, cueste lo que cueste”.
Ahora, en este agosto, no estoy igual que el anterior, pero la vida me está sacudiendo como los vientos que mueven las cometas. Sin embargo, también entiendo que esos mismos vientos son los que las ayudan a volar.
Entonces, aquí estoy, redactando una carta a mí, al mundo, a quien le sirva. Nadie aprende de errores ajenos, pero a veces sí nos sirve leerlos. En mi agosto, volvieron asuntos sin resolver, pero esta vez mi decisión es afrontarlos, plantear de nuevo sueños y creer en ellos, para que el próximo agosto pueda sentir que mis padres ya no se preocupan por mí.
Para quienes leen esto: estoy bien, solo necesitaba recordar por qué hago las cosas.
Si usted siente que en este momento está pasando por algo así, es porque la vida le está dando impulso para volar y tranquilo, que yo sé que lo vamos a lograr. Mientras tanto, por hoy los dejo, sin antes desearles que nos vaya bonito a todos.
