Historias del cotidiano: amores cobardes no llegan a amores.

Buenos días, por motivos del mes de septiembre traeré historias sobre amor, aunque como bien saben no necesariamente van a ser felices porque en la realidad la felicidad no suele ser lo cotidiano, la de hoy tienen varías canciones que hacen parte de la trama, les recomiendo escucharlas con la lectura.

Primera parte.

“No es que seamos ricos, tampoco nos afana enero”.

Sonaba en la radio de su carro mientras iba camino a casa. Iba pensando en un adiós que llevaba teniendo en mente hace mucho tiempo.

Pero ¿qué había pasado si ella lo tenía todo? Esa era la respuesta que él quería desde que tuvo la sensación de que algo en él no estaba bien.

La historia de ellos comenzó hace unos años de una manera poco usual para una época dominada por redes sociales. No hubo likes. No hubo follows. No se contestaron una historia. Él simplemente la vio pasar por los pasillos de la universidad.

Ella no tenía pinta de estudiante. Él, en cambio, se estaba presentando para una entrevista. Desde que la vio, algo dentro de sí le dijo: “la quiero conocer”.

Ella, por su parte, era de esas mujeres que impactaban al entrar en cualquier habitación. Y no solo por su belleza. También por su energía, por su seguridad. Como dicen los jóvenes, por su “aura”.

De esas mujeres que intimidan. A las que la mayoría de los hombres no se atreven ni a decirles un hola. Pero él se atrevió. Pensó en una frase de Silvio Rodríguez: “Los amores cobardes no llegan a amores”. O en una versión más paisa: “hombre cobarde no goza de mujer bonita”.

Segunda parte

Entonces, en un papel, escribió su nombre. Le añadió un simple “hola” y la intención de poner su número telefónico. Buscaría el momento oportuno para podérselo entregar. No lo pensó mucho. Algo sencillo. Pero no tendría en cuenta algo: la suerte.

El destino quiso ser cómplice. Cuando ella pasaba por las sillas donde él estaba sentado, se le cayó la carpeta con todos sus documentos. Él, en el afán de ayudar, tiró también su agenda. Entre las hojas iba el “hola” con el número incompleto. No alcanzó a terminarlo.

Ella, con mucha pena, comenzó a recoger sus documentos. Su seguridad se había esfumado. Él, sin pensarlo dos veces, hizo lo mismo. En la confusión, ella se quedó con el “hola”. Lo miró y dijo: “creo que esto es tuyo”.

Él, como un jugador de ajedrez pensando en su próxima movida, contestó: “sí, es mío, pero iba a ser tuyo”. Ella lo leyó. Él se presentó, anticipando cualquier reacción: “mucho gusto, Juan. Es que te vi y algo en mi mente pensó: digámosle hola por una hoja. Ahora pienso que es una pésima idea”.

Ella rió. “Mucho gusto, Laura”. Y en ese momento se formó una conexión que no tendría reversa.

Ese “hola” los llevó a una cita. Esa cita a un noviazgo. Ese noviazgo a un matrimonio. Él, desde el primer día, se derretía por ella. Y fue correspondido. Un amor bonito, real.

Cuando pensaba en ella, tenía una playlist en la cabeza. Canciones que representaban lo que ella era en su vida. Pero había una especial que decía:

Pero esta no es una historia con final feliz. La vida de él comenzó a complicarse. Los negocios no fluían. La crisis se avizoraba. Se sentía cayendo en un abismo.

Sentía que, como un ancla atada al mástil de un barco, la estaba arrastrando a ella. Ella nunca dijo una sola palabra. Pero él sentía cómo los dos se estaban yendo.

Porque cuando el hambre entra por la puerta, el amor sale por la ventana. Por eso él quería un adiós. No porque no la amara. La amaba tanto que sabía que merecía algo mejor.

Ese día tomó la decisión.

Él no la ha dejado de amar; simplemente se fue, se fue lo más lejos que pudo para no verla nunca más, se cambió de país y de continente, pero cada que en su radio suena una canción que dice 

“Que no bastaba que en mis fracasos yo me refugiara en ti” 

Piensa en ella como el primer día.

Esta es la canción con la Juan aún piensa en Laura.

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