Buenos días, ya se me volvió costumbre escribir mientras espero y el artículo de hoy sería como una segunda parte del de la semana pasada, debido a que gran parte de los comentarios que recibí eran de personas que en los últimos años habían vivido situaciones de suicidios en sus hogares.
Resulta que la pandemia nos reveló una verdad incomoda la cual es que la salud mental de los colombianos no está bien, en lo que va corrido de los dos años de vuelta a la «normalidad» llegamos 4159 casos de suicidio en el país (cifra dada por medicina legal a 31 de julio del 2022) tristemente estamos pasando por otra pandemia silenciosa pero letal y es aún más triste que no podemos conocer cuál es la realidad de esta, ya que los suicidios solo son las últimas consecuencias de una enfermedad mental, básicamente solo conocemos la punta del iceberg.
Dimensionar la importancia de la salud mental como sociedad es un paso muy importante para poder avanzar, porque lamentablemente en un país como Colombia poder acceder al psicólogo o psiquiatra es un lujo y privilegio que muy pocos pueden pagar. Tratar de acceder a los servicios públicos de salud en este país es una guerra interminable contra las eps, pedir una cita con el psicólogo se vuelve un trámite extenso, en lo personal tengo un caso de una persona muy cercana que estaba en una crisis depresiva muy fuerte y la única cita disponible con psicólogo por parte de su entidad prestadora de salud se encontraba a más de 20 días de distancia.
Debido a esto es la importancia de una política pública de salud mental, los colombianos necesitamos saber que nos está pasando, cuál es la razón de que algo nos este comiendo por dentro, requerimos instituciones públicas que puedan brindar ayudas efectivas, una urgencia de salud mental es igual de grave que cualquier urgencia médica.
Además como sociedad debemos dar un cambio de paradigma quitando el Taboo sobre las enfermedades mentales, sobretodo en las generaciones que están por arriba de los 40 años porque si a nosotros las generaciones nuevas nadie nos hablo de salud mental con ellos era un tema que no se podía tocar, esto es una pequeña reflexión sobre el panorama que tenemos y esa realidad incomoda que nos toca afrontar.
Los dejo por el día de hoy no sin antes decirles que si sienten que están pasando por algo así busquen ayuda, hablen con alguien, a mi siempre me van a poder escribir, no tienen porqué pasar por ese infierno solos.
Espero que a todos nos vaya bonito.

Tienes razón, Camilo, la humanidad sufre de neurosis colectiva enmarañada en múltiples casos individuales. Un psicópata anhela para sí el retorno del zarismo e invade un país, dispuesto a todo, hasta el uso de armas nucleares si, en su enferma lógica, fuera necesario. Al otro lado del escenario dantesco,
otros actores juegan en el tablero de la sociedad sacrificada buscando tener en jaque al megalómano de rostro impasible, poniendo en él los peones ajenos para el sacrificio y ensayando sus mejores juguetes bélicos. El armagedón abre la puerta al peor final posible mientras el mundo, expectante quizás, presencia el match, creyendo que el jinete apocalíptico rojo les pasará por encima. En otros escenarios, el frenesí del consumo acude a las baratas que deja el saqueo de la naturaleza y desde sus bolsillos ríen o lloran, les halaga la locura colectiva que pone en las tablas escenas de hambre y miseria, de luto y boato, de vida agonizante y muertes virtuales que hacen palidecer a las reales. Es una danza macabra donde las audiencias aplauden los payasos y el circo resucita en un momento de hilaridad, las vidas que se pierden.
Cada uno necesita un psicólogo, un psiquiatra o un chamán que nos saque del letargo virtual en que depositamos las agonías y nos regrese al espacio real que hemos perdido. El problema está en que al hacernos conscientes de nuestras propias taras, contemplamos el escenario en papel de marionetas, en el gran tinglado donde la megalomanía de los nuevos déspotas, que, a nombre de la libertad, la justicia y la democracia, nos hacen fichas suicidables, ratones de laboratorio, boludos de la masa, psicópatas de oficina y salchichas de la gran empresa, pero con necesidades que unicamente habrán de curarse en el diván con los placebos existenciales que nos dictamine el psicoanalista. Somos la sociedad de de los antidepresivos y ansiolíticos y, por qué no, de los electrochoques, las camisas de fuerza, los manicomios y las carceles que nos harán locos libres embriagados de consumo.
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