Historias del cotidiano: saliendo de un hospital.

Buenos días, este es el primer Historias del cotidiano en el que yo soy el protagonista pero la realidad es que en este texto se puede ver reflejado toda persona que haya perdido un ser querido, sobretodo en estas épocas de navidad que suelen ser de tantos sentimientos encontrados.

Saliendo de un hospital

Está historia ocurre un 5 de diciembre hace 2 años, un día que parecía eterno, Mi tía ya nos había dado varios sustos de que se iba, en algún momento nos hizo un simulacro pero volvió de la muerte diciéndole a mi mamá entre risas “chinita yo creí que está vez sí era” llevaba luchando con una enfermedad por años pero hace meses empeoró y unos 15 días atrás entró a la clínica, desde el día que ingresó siempre supe que no iba a salir, ese día yo estaba llevando a mi mamá en el carro a una cita médica cuando nos contaron que acababan de llevarla a urgencias, el diagnóstico era muy malo ya se encontraba ante un fallo sistémico inminente, mi mamá se bajó del carro y ese día yo me despedí de ella, la llore en ese momento como nunca más lo hice.

Semanas antes de que todo esto sucediera ella pidió que le celebran el cumpleaños de manera adelantada como una forma de despedirse de nosotros sin decirnos, aún no lo sabíamos pero aquél instante era el último dónde la familia iba a estar completa, ese día hubo serenata y mi prima la hija menor de mi tía pidió que le cantarán:

Aún tengo la imagen de mi prima cantándole con los ojos encharcados «Mi novia se me está poniendo vieja
Y le está costando un poco caminar»

Los días que estuvo en el hospital fueron eternos, la vida seguía avanzando a pesar de que alguien se nos estaba yendo, las charlas familiares giraban en torno a ella, no existía otro tema en nuestras vidas pero nos tocaba seguir en nuestras actividades cotidianas, estábamos casi en modo avión, solo podíamos esperar a que llegara la trágica llamada. Ella era la más mimada de la familia en una famila con muchas mujeres, lo cual es bastante duro, no tuvo una vida fácil, fue una mujer luchadora que pudo sacar adelante a 4 hijas, era una comerciante por naturaleza y vendía productos de todas las revistas que se pueda imaginar, una mujer risueña, alegré, era como las millones de madres en Colombia que hacen hasta lo imposible por ver bien a su familia, en su casa todos eran bienvenidos y era la que se quedaba cuidando las rascas de sus sobrinos en la parranda sin ella poderse tomar un trago por la enfermedad que sufría.

Ella se estaba yendo y con ella parte de la alegría de la familia, mi familia que es la típica familia Paisa, grande, unida, ruidosa, dónde todos hablan duro pero ningún escucha lo que dicen, no tuvimos mucho pero nunca nos faltó nada, hasta la actualidad somos una casa donde abundan las risas, una familia dominada por mujeres, en dónde ella era era la que más duro se reía. Ese domingo marchaba como cualquier otro, un día tan ordinario que hasta por momentos se olvidaba todo lo que estaba pasando pero la trágica llamada llegaría, esa llamada sería en voz de mi hermana:

“Milo venga ya para el hospital que mi tía se está muriendo” decía mi hermana con la voz entrecortada.

Llegué al hospital pero no podíamos entrar y cómo buena familia grande no cabíamos en ningún lado por lo que nos tomamos una panadería entera que estaba enfrente, eso sí muchas personas pero era poco lo que se pedía, los dueños del negocia creían que con nosotros estaban haciendo la venta del año pero vaya desilusión, una escena bastante gris que era adornada por otras personas en situaciones similares pero la nuestra cambiaba de vez en cuando ya que no faltaba la metida de pata de alguna de las tías, sobrinas o sobrinos que hacían reír a los demás, como el menor de los sobrinos que le tocó irse en bus solo para el hospital y se perdió en el camino por lo que hubo que ir a rescatarlo.

En ese instante en mi cabeza solo pasaba una canción sonando, no pensaba en nada, solo se repetía el mismo verso una y otra vez:

Y justo en esa escena comprendí el sentido más allá de lo obvio que quiso expresar Ruben Blades, la definición de familia, esa que no está escrita en ningún lado, que es más un sentimiento, ya que ahí estábamos todos juntos en la risa y el llanto a la espera de que nos dijeran «lamentamos el fallecimiento» sin ninguna razón aparente para estar en ese lugar porque ya nada estaba en nuestras manos, lo único que podíamos hacer era brindarnos compañía, ella ese día se fue alrededor de las 6 de la tarde, partió con una parte nuestra pero dejándonos mucho más, como dirían en dialecto swahili “Ubuntu “ o yo soy porque somos, ese día me di cuenta que soy el producto de todas esas personas en mi familia, ese día ella se fue pero nos dejó juntos como siempre lo debemos estar.

Ella pudo descansar de una enfermedad que la atormentó por años, nosotros solo podíamos agradecer tanto amor que nos sobró por parte de ella, parecía escena de una película, todos abrazados saliendo de un hospital, ese día hubo un atardecer espectacular y con aquel atardecer le dije adiós, desde ese domingo todos los días agradezco 5 minutos buscando el atardecer en medio de la ciudad.

Eso lo escribí aquel domingo

Este pequeño relato bastante corto es una invitación a qué este diciembre festejen por lo que ya no están, además abracen a los que quedan, mi tía ya se fue hace 2 años pero sigue con nosotros cada que en mi familia alguien se ríe estrepitosamente, por eso el 7 de diciembre encenderemos una velita por ella, por los nuestros, por las risas, por los llantos, como una forma de decir gracias, háganlo ustedes en sus casas por aquellos que ya no nos acompañan en este plano, feliz día y que nos vaya bonito a todos

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